He estado escondida muchos años. Detrás de una coraza inquebrantable que para muy muy poca gente ha sido completamente transparente. ¿Muy poca gente? En realidad creo que nadie ha llegado a ver de forma totalmente nítida a través de ella. ¿Que por qué?
Por tu culpa. Sí, sí. Por tu culpa. Pero también por la mía. Por culpa de todo el mundo en general. Por culpa de la sociedad, su falta de valores y su falta de empatía. Por culpa de la falta de educación. Por la necesidad de colgar etiquetas, títulos y demás encasillamientos. Y como todos los grandes problemas, empiezan desde abajo.
Sé lo que me vas a decir. "Yo no he hecho nada de eso". Pero, ¿de verdad? ¿Nunca te has reído de la "broma" que le hacían a ese niño o niña de tu clase con el o la que siempre se metían? ¿Siempre te has levantado delante de todo el grupo para pararle los pies al "listillo" o "listilla" de turno y defender al otro u otra? ¿Nunca has mirado para otro lado cuando ves que se han pasado de la raya con una persona con tal de no meterte en problemas? ¿Nunca has participado, o sido el artífice, de una "broma" que se ha ido de las manos y ha terminado haciendo mucho daño?
Yo he cometido todos esos errores. Esos y muchos más. Me he reído a costa de otros y otras cuando el asunto no tenía ninguna gracia. Me he quedado sentada sin defender a nadie mientras esa persona sufría. He visto cosas muy serias y he mirado para otro lado. Y también he participado en cosas de las que me arrepentiré toda la vida. Y por eso yo soy culpable de mi coraza. Porque yo lo he hecho. He incitado a otras personas e incluso he tenido momentos de disfrutar de ello. Pero esta es la parte que nadie te cuenta.
Yo he estado el 98% de las veces en el extremo receptor de burlas e insultos. Pero también he pertenecido en ese 2% al grupo agresor. La diferencia es que el daño provocado puede durar años, mientras que la euforia de sentirse de alguna manera "superior" o "mejor" por meterte con alguien más indefenso dura apenas... ¿un minuto o dos? Después pasas a otra cosa y todo olvidado.
Y ahí es donde puede empezar la historia de mi coraza. Cada mirada, cada burla, cada risa, cada empujón, cada amenaza, cada golpe, cada insulto, cada acorralamiento de cinco o seis contra una, cada humillación ha ido construyendo poco a poco ese muro. Desde muy pequeña (hablo de 5 o 6 años) me di cuenta de que era peor seguirles el juego. Las consecuencias eran mucho peores si me enfadaba, si respondía, si lloraba, si se lo decía a mis profesores o mis padres. Esto último solía tener consecuencias dolorosas que me dejaban marcas en la piel durante varias semanas. Lo más seguro era fingir que no me afectaba. Si ese día se decidía que me tocaba castigo físico, lo más seguro era hacerme una bolita en el suelo, cerrar los ojos, taparme la carita con los brazos y aguantar las ganas de llorar hasta que pasara y pudiera correr al baño. Si daba la casualidad de que un profesor pasaba por nuestro lado, era mi día de suerte, pues se acabaría mucho antes y encima no habría consecuencias peores, ya que yo no me habría "chivado". Si por el contrario, tocaban insultos, risas y amenazas, lo más seguro era hacer como que no escuchaba nada. A pesar de que fueran las cosas más crueles que nadie me había dicho nunca. Todavía recuerdo la sensación de clavarme los dientes en los labios hasta hacerme sangre para evitar como podía el temblor del llanto mientras mantenía la mirada fija en el libro que no estaba leyendo.
Eso era lo seguro para mí. No perdamos la perspectiva de que estos hechos se desarrollaron cuando tenía entre 5 y 12 años. ¿Demasiado para una niña tan pequeña? Imagino que sí. ¿Que si las cosas mejoraron después? No hasta los 16. Los actos pasaron de ser menos físicos a más psicológicos, pero nunca paró hasta que llegué a 1º de bachillerato.
¿Sobreviví? Sí. ¿Entera? También. ¿Ilesa? Depende a lo que te refieras. Físicamente sí. ¿Mentalmente? No. En la peor época tuve que ir a un psicólogo. Pero no sirvió de mucho. Mis padres se dieron cuenta de la gravedad de la situación muy tarde (de lo poco que se enteraron, en realidad), y el daño ya estaba hecho. Aprendí a vivir con ello, sí, pero es algo que no creo que supere nunca. Y lo sé porque yo noto, siento que no estoy bien. Que tengo algo ahí guardado que me da miedo sacar, me da pereza sacar. Porque las pocas veces que lo hago siempre acabo desmoronándome y estoy cansada de que este miedo, esta inseguridad, esta faceta de mi personalidad que irremediablemente va ligada a mí, me dificulte el camino a mi felicidad. Siempre hay una vocecita que me susurra al oído "no eres suficiente", "lo haces mal", "se ríen de ti", "nadie va a quererte", "no vales nada", "te van a cambiar a la primera de cambio", "van a hacerte daño".
¿Solución? Tal y como aprendí desde muy pequeña, "no les permitas ver que te afecta". Crea un muro a tu alrededor, que nadie lo traspase, que nadie vea cómo te duelen las cosas, que nadie escuche tu llanto ni vea tus lágrimas. Crea una coraza irrompible, completamente opaca. No es seguro dejar entrar a nadie. No es seguro que nadie vea tu debilidad.
Con el paso de los años he ido abriéndome a ciertas personas. Muy muy pocas. En las que he creído, después de mucho tiempo de conocerlas, que podía confiar. A veces he acertado y otras muchas he fallado. Pero como he dicho antes, es complicado que alguien llegue a ver el interior completamente.
¿Os preguntáis qué pasó con esos niños y niñas que hicieron tanto daño? Nada. El colegio miró siempre para otro lado. Son cosas de niños. No es nada. A veces ganan unos y a veces otros. No tiene mayor trascendencia.
Trascendencia.
Y lo mejor de esto es, ¿cuántas personas hay en mi misma situación? No lo sé. Y me da miedo saberlo, la verdad, pero creo sinceramente, que muchas más de las que todos nosotros esperamos. Y es por tu culpa, por la mía y por la de todos mis compañeros.
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