Durante los últimos años de mi vida me he cruzado con mucha, muchísima gente. He de decir que siempre he considerado (o he querido considerar) a las personas como seres individuales. He odiado las etiquetas con toda mi alma y he defendido que cada persona es única y diferente a las demás. Cada una con su vida, sus circunstancias, sus problemas cotidianos y sus heridas y cicatrices. Cada persona sobrevive y lucha con sus fantasmas como quiere, o mejor dicho, como puede. Nadie es quién para juzgar (obviamente, dentro de unos límites) cómo se comporta otra persona.
Sin embargo, mi vida ha dado un giro bastante importante en los últimos años. Se han sucedido una serie de cambios rápidos y bruscos (¿y violentos?) que me han sacado de mi zona de confort. He salido de un colegio muy pequeño, en el que éramos casi una familia y me he visto inmersa en una facultad llena de gente. He ido a academias, he cambiado de equipos deportivos (y por tanto, de compañeras) seis temporadas distintas. He ido a otras facultades a conocer amigos de amigos. Me he ido un año de casa a estudiar fuera y he seguido conociendo gente. He hecho amistades efímeras de un par de horas en bares y discotecas y duraderas de años y años en aulas, bibliotecas y librerías. Todo ello me ha llevado a una cosa: conocer cientos de personas.
Y con mucha pena y mucha decepción, esto me ha hecho darme cuenta de que no todo es tan bonito ni tan ideal como yo pensaba en un principio. Parece que, desgraciadamente, sí que existen ciertos "patrones" o "tipos" de personas. La clasificación más básica que puedo hacer, desde mi corta experiencia es: personas en las que puedo confiar y en las que no. Generalmente, después de pasar un par de horas con la gente, suelo ser capaz de "clasificarlas" en un lado u otro de la ecuación. Pero también ha habido casos en los que he fallado estrepitosamente y me he llevado grandes disgustos por no haberlo visto venir.
Me gustaría exponer un par de casos. El primero es el de una chica de mi carrera con la que apenas he hablado. Esta chica, por lo que muestra en sus redes sociales, parece ser que, aparte de ser estudiante, es actriz. Pertenece a una compañía de teatro y pasa muchas horas ensayando y actuando. Haciendo lo que le gusta, ¿no? Pues bien. No os podéis imaginar la cantidad de críticas, risitas, comentarios y burlas que he tenido que escuchar por los pasillos de la facultad, en la cafetería y en la biblioteca cada vez que pasaba por ahí. "Esa hace teatro", "normal, ¿no ves las pintas que lleva?", "parece que se ha vestido en un vertedero", "solo hay que ver cómo lleva el pelo", "¿qué pretende, ser una Penélope Cruz?", "pues anda, que vaya aspiraciones"... Y una larga lista de etcéteras.
Esta chica, en concreto, no esconde lo que le gusta hacer y cómo disfruta su tiempo libre. Imagino que sabe de sobra el tipo de comentarios que esto puede suscitar, pero por lo que se ve, no le importa, no le afecta, o esconde ambas cosas demasiado bien. Puede que ponga en una balanza esos comentarios y críticas y su amor por la interpretación y esta gane con creces. No lo sé. Como digo, no he tenido la oportunidad de cruzar con ella más que unas cuantas palabras, pero la verdad es que me gustaría conocerla y decirle lo que la admiro por esa valentía.
Me da mucho que pensar que en estos dos años que lleva esta chica en la carrera (bueno, tres en realidad, pero como he comentado, yo he estado un año fuera, por lo que no puedo juzgar lo que ha pasado durante ese tiempo) no haya escuchado nada como "qué interesante lo que hace esta chica". Creo que es algo a lo que habría que dar un par de vueltas.
El otro caso que me gustaría exponer es el de un chico que tuve la oportunidad de conocer hace un par de años. Es veterinario y psicólogo. Trabaja en una clínica veterinaria por las mañanas y en un hospital por las tardes para poder pagar el alquiler de un apartamento minúsculo en Madrid. Una de las cosas interesantes de este chico es que dedica todos sus veranos a organizar actividades que conllevan tratamientos psicológicos para niños con discapacidades intelectuales en una granja que ofrece campamentos de verano. Estas terapias se hacen mayoritariamente con caballos, pero también incluyen una gran variedad de animales mansos con los que los niños no corren ningún peligro. Hasta aquí todo estupendo, ¿verdad? Una labor increíble.
El problema viene cuando este chico terminó de contarme esta historia y me dijo: "por favor, no se puede enterar nadie de que hago esto durante los veranos". Al principio no entendí nada. Cabe decir que este trabajo es totalmente voluntario y no cobra por ello. Pues resulta que él, al contárselo a varios compañeros del trabajo, la gran mayoría le dijeron que no entendían por qué no quería cobrar por esas cosas, si realmente esa labor entraba dentro de su formación profesional. Él dijo que lo quería hacer de manera altruista, que ya cobraba por su trabajo el resto del año, y que en verano disfrutaba con estas terapias con los niños y los animales. Parece ser que uno de sus compañeros del hospital (¿por envidia? ¿pura maldad? ¿necesidad de hacer sufrir a los demás?) le comunicó a un jefe que este chico estaba trabajando para otra empresa durante los veranos (y obteniendo beneficio económico de ello, lo cual era totalmente falso). Resulta que una de las cláusulas del contrato que le habían hecho en el hospital como psicólogo especificaba que la no exclusividad laboral (a nivel médico) implicaría una rescisión de contrato inmediata. Su trabajo como veterinario (tras consultarlo con sus pertinentes abogados), por suerte no contaba, ya que no se consideraba sanidad a nivel humano, por lo que esto no conllevaba problemas. Sin embargo, unas terapias con niños con discapacidades intelectuales sí que implican sanidad humana.
Esa mentira con la que su compañero de trabajo acudió a su jefe (el hecho de la remuneración por las actividades veraniegas) le costó a este chico un montón de trámites legales, de abogados, de gasto de un dinero que no podía permitirse y de una época de estrés totalmente injusta, ya que quisieron echarlo inmediatamente del hospital. Afortunadamente se demostró que no estaba cobrando nada y pudo seguir trabajando, aunque ya estaría bajo el punto de mira y la ansiedad que esto puede generar en esta época en la que nos encontramos, en que los puestos de trabajo se rifan entre los profesionales.
Creo que no hay mucho que añadir. Es simplemente sorprendente cómo incluso las acciones más desinteresadas y que se hacen con más amor pueden ser puestas en contra de uno mismo por culpa de cierto tipo de personas y sus ¿celos? incontrolables. Todo esto me ha llevado a pensar durante mucho tiempo en el ser humano, su manera de concebir a los demás y a tratar de imaginarme cómo se puede llegar a desear el sufrimiento ajeno con tal de "quedar mejor" o el pensamiento continuo de "tengo que estar por encima sea como sea, da igual que eso implique destruir al otro". Solo puedo llegar a pensar (o quiero pensar) que el hacer daño gratuitamente a otra persona solo sale de una guerra con uno mismo. Si una persona no está a gusto con quién es, si está batallando consigo misma, creo que puede desviar ese dolor que se hace hacia los demás en un mal intento de autoprotección.
Y a eso quería llegar con la introducción inicial. Obviamente, hay muchas, muchísimas personas que no son como las que he descrito anteriormente, que no buscan criticar ni hacer daño. Pero todas estas experiencias me llevan a reducir los "tipos" de personas a dos: las que quieren hacer (y hacen) daño conscientemente y las que no. Yo elijo confiar en este segundo grupo.
Esta chica, en concreto, no esconde lo que le gusta hacer y cómo disfruta su tiempo libre. Imagino que sabe de sobra el tipo de comentarios que esto puede suscitar, pero por lo que se ve, no le importa, no le afecta, o esconde ambas cosas demasiado bien. Puede que ponga en una balanza esos comentarios y críticas y su amor por la interpretación y esta gane con creces. No lo sé. Como digo, no he tenido la oportunidad de cruzar con ella más que unas cuantas palabras, pero la verdad es que me gustaría conocerla y decirle lo que la admiro por esa valentía.
Me da mucho que pensar que en estos dos años que lleva esta chica en la carrera (bueno, tres en realidad, pero como he comentado, yo he estado un año fuera, por lo que no puedo juzgar lo que ha pasado durante ese tiempo) no haya escuchado nada como "qué interesante lo que hace esta chica". Creo que es algo a lo que habría que dar un par de vueltas.
El otro caso que me gustaría exponer es el de un chico que tuve la oportunidad de conocer hace un par de años. Es veterinario y psicólogo. Trabaja en una clínica veterinaria por las mañanas y en un hospital por las tardes para poder pagar el alquiler de un apartamento minúsculo en Madrid. Una de las cosas interesantes de este chico es que dedica todos sus veranos a organizar actividades que conllevan tratamientos psicológicos para niños con discapacidades intelectuales en una granja que ofrece campamentos de verano. Estas terapias se hacen mayoritariamente con caballos, pero también incluyen una gran variedad de animales mansos con los que los niños no corren ningún peligro. Hasta aquí todo estupendo, ¿verdad? Una labor increíble.
El problema viene cuando este chico terminó de contarme esta historia y me dijo: "por favor, no se puede enterar nadie de que hago esto durante los veranos". Al principio no entendí nada. Cabe decir que este trabajo es totalmente voluntario y no cobra por ello. Pues resulta que él, al contárselo a varios compañeros del trabajo, la gran mayoría le dijeron que no entendían por qué no quería cobrar por esas cosas, si realmente esa labor entraba dentro de su formación profesional. Él dijo que lo quería hacer de manera altruista, que ya cobraba por su trabajo el resto del año, y que en verano disfrutaba con estas terapias con los niños y los animales. Parece ser que uno de sus compañeros del hospital (¿por envidia? ¿pura maldad? ¿necesidad de hacer sufrir a los demás?) le comunicó a un jefe que este chico estaba trabajando para otra empresa durante los veranos (y obteniendo beneficio económico de ello, lo cual era totalmente falso). Resulta que una de las cláusulas del contrato que le habían hecho en el hospital como psicólogo especificaba que la no exclusividad laboral (a nivel médico) implicaría una rescisión de contrato inmediata. Su trabajo como veterinario (tras consultarlo con sus pertinentes abogados), por suerte no contaba, ya que no se consideraba sanidad a nivel humano, por lo que esto no conllevaba problemas. Sin embargo, unas terapias con niños con discapacidades intelectuales sí que implican sanidad humana.
Esa mentira con la que su compañero de trabajo acudió a su jefe (el hecho de la remuneración por las actividades veraniegas) le costó a este chico un montón de trámites legales, de abogados, de gasto de un dinero que no podía permitirse y de una época de estrés totalmente injusta, ya que quisieron echarlo inmediatamente del hospital. Afortunadamente se demostró que no estaba cobrando nada y pudo seguir trabajando, aunque ya estaría bajo el punto de mira y la ansiedad que esto puede generar en esta época en la que nos encontramos, en que los puestos de trabajo se rifan entre los profesionales.
Creo que no hay mucho que añadir. Es simplemente sorprendente cómo incluso las acciones más desinteresadas y que se hacen con más amor pueden ser puestas en contra de uno mismo por culpa de cierto tipo de personas y sus ¿celos? incontrolables. Todo esto me ha llevado a pensar durante mucho tiempo en el ser humano, su manera de concebir a los demás y a tratar de imaginarme cómo se puede llegar a desear el sufrimiento ajeno con tal de "quedar mejor" o el pensamiento continuo de "tengo que estar por encima sea como sea, da igual que eso implique destruir al otro". Solo puedo llegar a pensar (o quiero pensar) que el hacer daño gratuitamente a otra persona solo sale de una guerra con uno mismo. Si una persona no está a gusto con quién es, si está batallando consigo misma, creo que puede desviar ese dolor que se hace hacia los demás en un mal intento de autoprotección.
Y a eso quería llegar con la introducción inicial. Obviamente, hay muchas, muchísimas personas que no son como las que he descrito anteriormente, que no buscan criticar ni hacer daño. Pero todas estas experiencias me llevan a reducir los "tipos" de personas a dos: las que quieren hacer (y hacen) daño conscientemente y las que no. Yo elijo confiar en este segundo grupo.
Pero aparte de esta "elección consciente de confianza", creo que es un tema sobre el que pensar, hacer un pequeño examen de conciencia si fuese necesario y tratar de entender por qué las diferencias entre nosotros, aunque sean increíblemente buenas, pueden poner tan nerviosas a ciertas personas, pueden llegar a crear ese sentimiento de inferioridad o de necesidad de pasar por encima al resto, a los que son algo "diferentes".
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